sábado, 27 de diciembre de 2025

DEBEMOS UNIRNOS

Hay un par de preguntas que hace tiempo nos venimos haciendo muchos ¿Cómo puede ser que haya argentinos que sigan apoyando a un gobierno cruel, deshumanizante, ignorante y corrupto, aun cuando ese mismo gobierno los perjudica abiertamente y a los gritos? ¿Cómo caímos tan bajo como sociedad para apoyar a esto?

La respuesta fácil sería decir “ignorancia”. La tentadora, decir “odio”. La cómoda, decir “fanatismo”. Pero ninguna de esas respuestas me termina de explicar.

Entonces caigo en la reflexión de que no estamos ante un fenómeno ideológico. Estamos ante un fenómeno emocional.

Muchísima gente no votó un proyecto, no eligió un rumbo, eligió romper algo.

Años de frustraciones y promesas incumplidas generaron una enojo profundo.

Milei no ganó por sus ideas, que son viejas, fracasadas y dogmáticas. Ganó porque supo canalizar la rabia. En ese contexto, la crueldad se confundió con coraje. La violencia verbal, con sinceridad. El ajuste salvaje, con orden. Decir sin filtro pasó a ser “decir la verdad”. Lastimar pasó a ser “poner límites”. Quitar derechos pasó a ser “sacar privilegios”.

No es una falla intelectual, es una desorientación ética.

Cuando lo colectivo decepciona, el mensaje implícito es brutal pero seductor: si te va mal, es culpa tuya. Ya no hay que pensar en el otro, ni cargar con la injusticia estructural. Cada uno pelea solo. Aunque pierda.

A eso se le suma otra capa igual de potente: el antiperonismo como identidad, el gorilismo. Para una parte de la sociedad, odiar al peronismo se volvió más importante que vivir mejor.  Aunque el ajuste los golpee, aunque pierdan derechos, aunque su vida empeore, sostienen el apoyo porque “al menos no gobiernan los otros”. No es algo racional.

Milei no construye futuro, fabrica enemigos, ofrece venganza simbólica. Y eso, en una sociedad cansada, funciona.

Quizás el error nuestro sea creer que a estas personas se las puede “convencer” con argumentos. Nadie cambia de idea cuando lo corrigen desde arriba. Las personas cambian cuando algo interno se quiebra y encuentran un lugar humano donde caer.
Por eso no sirve gritar “yo tenía razón”. Sirve preguntar ¿en qué te mejoró la vida todo esto? 
Sirve escuchar, sirve nombrar las consecuencias concretas, sin soberbia.

Este modelo no va a caer por discursos, va a caer por sus políticas de ajuste y de odio.
Y cuando eso ocurra, porque va a ocurrir, el desafío no será la revancha, sino algo mucho más difícil y más noble, la reconstrucción.

Reconstruir confianza. Reconstruir comunidad. Reconstruir la idea de que la política no es un arma para lastimarnos, sino una herramienta para vivir mejor.

El 2026 no será mejor por arte de magia. Será mejor si nos unimos, si empezamos a organizarnos con sentido, con humildad y con coraje colectivo. Nada grande en la historia argentina se logró desde el sálvese quien pueda. Todo lo que valió la pena nació del nosotros.

No busquemos iluminar al otro con una linterna en la cara, busquemos encender una fogata.

No es que no vemos la realidad. Es que algunos todavía creemos y trabajamos para que el futuro sea más humano, más justo y compartido.

Y lo seguiremos haciendo para que la esperanza no sea solo un recuerdo, sino la base de de la felicidad del Pueblo y de la grandeza de la Nación.





miércoles, 10 de diciembre de 2025

¿Por qué la Filosofía Justicialista?

En este último tiempo, del 2023 a hoy más precisamente, que mucho me he puesto a pensar en cómo pasamos de ser el país más avanzado, revolucionario y moderno de América Latina, a convertirnos en esto: un mamarracho, una vergüenza, una colonia, Costa Pobre, un hazme reír, como quieran llamarlo.

Y la respuesta es siempre la misma, volver a esa corriente nacional, a ese ADN bien argentino, que fue el faro del mundo desde lo filosófico, lo político, lo económico y lo social: El Justicialismo. Eso que nos hizo ser admirados por todos.

Para que se entienda a que me refiero, si te enoja que a tu familia o a tu vecino le vaya mal, si te enoja que se regale el país, si te enoja que unos pocos se lleven todo mientras la gran mayoría se hunde en la pobreza, entonces sos justicialista. Que no es otra cosa que mirar todo desde la Justicia Social.

Esta filosofía es la ética del Pueblo argentino, pero de un pueblo en movimiento, no estático, en movimiento ante un país herido, dividido, desesperanzado. Una filosofía que entiende que la política debe servir a la felicidad del Pueblo y a la grandeza de la Nación. Si no mejora la vida de la gente no tiene sentido, no sirve.

Paso a enumerar, para mí, aquello a lo que tenemos que detenernos a pensar entre todos:

1.     El Justicialismo, un equilibrio humano

Hoy la desigualdad pega más fuerte, como hace décadas no pegaba. Hoy la Justicia Social debe garantizar el plato de comida en cada hogar, defender el salario, recuperarlo, para que vuelva a ser digno, reactivar la economía desde abajo. Hoy la Justicia Social es una urgencia

Y acá es donde toma real importancia las 3 banderas del Justicialismo: Tener Independencia Económica, o sea que la economía nuestra esté al servicio del desarrollo nacional y no de intereses ajenos. Para con ello lograr la Soberanía Política, que no es otra cosa que las decisiones se tomen acá y no en embajadas ni en otros países, y siempre esas decisiones apuntadas a la Patria. Una vez logrado estas dos banderas, buscar la Justicia Social, que es la justa redistribución de la riqueza, es lograr que ningún argentino quede afuera de la mesa común.

2.      La Comunidad Organizada

Una visión profundamente humanista, donde todos los actores de la sociedad participen, el Estado, los trabajadores, el sector productivo, las Organizaciones Libres del Pueblo, los emprendedores, empresarios, etc.

El Ser humano no existe aislado sino integrado en una Comunidad que lo contiene y lo sostiene, y también que lo proyecta.

Rechazar el individualismo feroz que reina hoy en día, como también rechazar el colectivismo que aplasta, es de eso que nos hablaba Juan Perón cuando nos decía que somos una Tercera Posición, somos un justo medio, un equilibrio armonioso. Es tener una libertad personal en un marco de responsabilidad social.

3.      El Pueblo, Sujeto histórico y espiritual

E Pueblo como protagonista de un proceso histórico. Hoy ese Pueblo, que somos todos, está cansado, enojado, desorientado. Entonces está mirando mucho, observando muy atento a quienes realmente están en esta dirección. Pero con desconfianza. Entonces hay que volver a enamorarlo, mostrarle que la fe y la esperanza no son un recuerdo, sino que es hacia donde tenemos que construir.

4.      El Trabajo como dignidad

Que vuelva a ser el motor de la realización personal, esa herramienta de construcción colectiva. Cuidar y proteger a los empresarios y a las Pymes por supuesto, pero con derechos laborales, con sindicatos fuertes, con cooperativas fortalecidas. Hay que entender que sin trabajadores fuertes no hay Nación fuerte.

5.      El Estado como garante del Bien Común

El Estado es el mejor aliado que tiene el Pueblo, es quien garantiza que las inequidades se reduzcan. Es quien interviene ante las injusticias, y también saber retirarse una vez que la Comunidad se organiza.

Debe ser el promotor del desarrollo nacional.

6.      El Amor como política

Hoy en día esto es muy importante entenderlo, porque estamos viviendo en tiempos de mucho resentimiento, donde reina la política del odio, del sálvese quien pueda. Hoy la Redes Sociales, los Medios de Comunicación, los oportunistas, propagan ese odio, lo organizan y lo inculcan, y se alimentan de él, porque es fácil y vende.

Evita nos enseñó que “donde hay una necesidad, nace un derecho”, ese es nuestro norte. La política es servicio, es entrega, es responsabilidad, es compromiso, en definitiva es Amor.

7.      Las 20 Verdades

Ahí está la base moral del Justicialismo. Una mezcla de una filosofía popular (arandú), de doctrina práctica, de espiritualidad y de disciplina.

En mi libro “Juan Domingo Perón, su pensamiento”, hago un intento de explicarlas y traerlas a la actualidad.

Habla de movimiento, de pueblo, de justicia, de organización, de lealtad, de un destino colectivo. Es en resumen una propuesta humana, donde cada argentino pueda vivir bien, trabajar con dignidad, participar del destino común y servir a la Patria.

 

Cerrando este 2025, estamos atravesando una tormenta política, económica y social, y asoma un 2026 igual o peor. Hay  mucha incertidumbre, hay desilusión, hay hartazgo en gran parte de la sociedad.

Por eso esta filosofía es una mirada humanista, para volver a encontrarnos entre todos, organizarnos y levantarnos.

Hoy tenemos un desafío como Sociedad, que es reconstruir nuestro país desde la Dignidad Humana, desde la Unidad Social. ¡Hagámoslo!