Vivimos tiempos donde la política parece haberse olvidado de su razón de ser.
Demasiadas veces se discuten nombres, cargos, internas y estrategias, mientras la vida real de la gente sigue esperando respuestas.
Frente a ello, elegimos pararnos en un lugar claro: el BIEN COMÚN.
No como consigna de ocasión, no como frase bonita, sino como principio rector de cada palabra, cada decisión y cada propuesta.
Creo que hay ideas que no envejecen, porque tocan algo esencial de lo humano.
Hace más de dos mil años, Jesús nos dejó una enseñanza simple y revolucionaria: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” No hablaba solo de fe. Hablaba de convivencia, de responsabilidad mutua, de comunidad.
Mucho más acá en la historia, Juan Domingo Perón tradujo esa misma verdad al lenguaje del pueblo argentino cuando dijo: “Para un argentino no puede ni debe haber nada mejor que otro argentino.” No era una frase contra nadie, era una afirmación ética: nadie puede realizarse plenamente si el otro queda atrás.
Y hoy decimos, de una manera directa y profunda, "la Patria es el otro".
Distintas épocas, distintos contextos, un mismo hilo conductor. Ese hilo atraviesa religiones, movimientos populares, culturas y generaciones.
En África lo llaman Ubuntu: soy porque somos. Acá, en nuestra tierra, lo llamamos Comunidad Organizada, Justicia Social, Bien Común.
No son conceptos abstractos, son una forma concreta de mirar la realidad y actuar en ella.
Creo en una política que incluye y ordena, no que enfrenta y divide. Creo en un Estado presente, pero inteligente; fuerte, pero humano, cercano.
Un Estado que cuide a los más vulnerables y que acompañe el esfuerzo, el trabajo y la producción sin abandonar a nadie.
Creo en la Justicia Social como equilibrio ético, que todos tengan oportunidades reales, que el mérito exista, pero con piso parejo, que el desarrollo individual tenga siempre sentido colectivo.
No creo en salvadores ni en iluminados. Creo en Comunidades Organizadas, en dirigentes formados, en ciudadanos comprometidos.
No creo en el poder como un fin en sí mismo, creo en el poder como Servicio, que se ejerce con humildad y se rinde con transparencia.
Tenemos una gran responsabilidad generacional. Cada tiempo necesita nuevas miradas, nuevas herramientas y nuevos acuerdos, sin perder las raíces que nos trajeron hasta acá.
Hablo desde una convicción: cuando el centro de la política deja de ser el Bien Común, la política pierde sentido y la sociedad también pierde. El Bien Común está por encima de cualquier interés sectorial, personal o circunstancial. Por encima de cargos, de disputas, de egos.
Gobernar, legislar, gestionar y militar deberían responder siempre a una sola pregunta: ¿esto mejora la vida de la comunidad o solo acomoda a algunos?. Si la respuesta no es clara, el camino tampoco lo es.
Debemos volver a poner a la persona, a la comunidad y a la dignidad humana en el centro.
El futuro no se hereda, el futuro se prepara, y se prepara con valores claros, con principios firmes, y con una política que vuelva a animarse a servir.
Ese es el camino, Ese es el hilo que nos guía. Ese es el compromiso asumido. Porque nadie se salva solo. Y porque soy un convencido de que, si caminamos juntos, nadie queda atrás.
¡Otra Argentina, que incluya a todos, es posible!
