lunes, 2 de marzo de 2026

Dolor Cívico y Vergüenza ajena

Un Presidente de la Nación no solo gobierna, representa, conduce, y si de algo estoy seguro es que un energúmeno lleno de odio no me representa en lo más mínimo.

El tono, los gestos, la forma de dirigirse a opositores y periodistas, habla a las claras de cómo concibe la democracia, si es que la concibe.

Un discurso de Apertura de Sesiones Ordinarias debería ser para ordenar la agenda, tender puentes, marcar rumbo económico y social con claridad.

En un País cansado, con inflación, con pobreza creciente, con empresas cerrando todos los días, con el desempleo creciendo sin parar, con fractura social, la gente no necesita más tensión. Liderar no es gritar más fuerte, no es insultar, no es estar alejado de la realidad.

Lo de Javier Milei fue un desborde total, un desequilibrio enorme. Usar la Apertura de Sesiones como un show de TV, como un acto partidario, es algo muy serio y triste a la vez.

Este 1ro de marzo fuimos testigos de la degradación total de la investidura presidencial, este 1ro de marzo tuve mucha vergüenza, este 1ro de marzo me dolió mi Argentina.

Espero que pase rápido este mandato y demos vuelta de página rápidamente, y que este Presidente, el peor de la historia, se vaya rápido a su casa.

Es por eso que debemos unirnos aún más, debemos organizar la esperanza del Pueblo que se siente a la deriva, porque somos muchos más los que amamos a nuestra Nación, somos muchos más, sólo estamos dispersos.




viernes, 20 de febrero de 2026

Ecos del 2000 que no aprendimos: de la Banelco al presente

El recuerdo es muy claro, días de muchos nervios, de mucha tensión, una Argentina convulsionada, lo recuerdo como una olla a presión a punto de hacer ebullición.

Yo viví de adentro el debate de la "Ley Banelco", vi como en nombre de la "modernización" (ya en esa época usaban esa palabra) se pretendió debilitar la columna vertebral de nuestra Nación, el Movimiento Obrero. Se quiso alterar el contrato moral de nuestro País.

Aquella vez la lucha fue más frontal, una CGT liderada por Hugo Moyano, y unos legisladores que daban la talla de la situación, liderados por los Diputados que venían del palo gremial: Saúl Ubaldini, Lorenzo Pepe, Oraldo Britos, Alfredo Bravo, mi viejo Beto Sebriano, y tantos más. 

La lucha se dio adentro y afuera del Palacio del Congreso, debate, discusiones, sobres por debajo, votación, marcha, protesta, etc etc. Un sinfín de hechos vergonzosos que suceden también hoy. Pero no había cruces de vereda, ni tibios, ni lacayos.

Recuerdo a mi viejo no poder dormir esas noches, se percibía que estábamos yendo como país hacia un precipicio. Quiso el destino, o vaya a saber qué, que coincidieran esos años, en ese lugar y en ese momento, personas con mucha historia gremial y política muy fuerte.

Lo que pasa hoy nos demuestra que no aprendimos nada. Aquello, aquel modelo fracasó estrepitosamente y luego explotó todo, nos rompimos en 24 pedazos. Esta vez tampoco va a terminar bien, la pelea va a seguir en la calle, en la justicia, en el Congreso y en cada rincón del país.

La historia nos está colocando frente al mismo dilema, cambiaron los nombres, cambiaron los discursos, pero la batalla es la misma: los derechos laborales, esos que nos hicieron grande como sociedad.

Si algo nos enseñaron los protagonistas de aquel 2000 es que el movimiento obrero y los legisladores no están para aplaudir reformas que nos precaricen, que están para defender la Justicia Social y al Pueblo todo.

La historia si la olvidamos busca repetirse, y el peronismo cuando recuerda quien es, ese ADN argento, no retrocede, mucho menos traiciona ni claudica, como vemos a varios hoy.

Para ser un país fuerte, necesitamos a trabajadores fuertes, para tener trabajadores fuertes necesitamos Sindicatos fuertes. Nadie se salva solo acá.

Cómo decía Saúl: "Aquí ni la fuerza, ni la represión, ni el ánimo separatista del gobierno, va a poder con la fortaleza de los trabajadores, que somos los que elaboramos la grandeza nacional"

La Resistencia de los trabajadores contra este gobierno perverso, cruel, entreguista y grotesco, acaba de empezar, un poco tarde, pero empezó. La historia nos va a juzgar como Generación. La pregunta no es si esta Reforma es necesaria o no, ni qué tipo de Reforma lo es, la pregunta es hasta donde vamos a dejar que nos bastardeen. 

El que no lo entiende que repase nuestros últimos 50 años, porque cada vez que avanzaron contra el trabajador, llámese Martínez de Hoz, llámese Menem, llámese De la Rúa, llámese como se llame, el que retrocedió fue todo nuestro País.

Que el día de mañana cuando nuestros nietos nos pregunten que hicimos por el país en éstos años, que la respuesta sea: que buscamos esa Argentina grande con que San Martín soñó, y no el estar arrepentidos por no haber hecho nada. 

¡Seamos consecuentes con nuestra historia! ¡Seamos patriotas! ¡Seamos Argentinos!




martes, 27 de enero de 2026

MANIFIESTO POR EL BIEN COMÚN

Vivimos tiempos donde la política parece haberse olvidado de su razón de ser.

Demasiadas veces se discuten nombres, cargos, internas y estrategias, mientras la vida real de la gente sigue esperando respuestas.

Frente a ello, elegimos pararnos en un lugar claro: el BIEN COMÚN. 

No como consigna de ocasión, no como frase bonita, sino como principio rector de cada palabra, cada decisión y cada propuesta.

Creo que hay ideas que no envejecen, porque tocan algo esencial de lo humano.

Hace más de dos mil años, Jesús nos dejó una enseñanza simple y revolucionaria: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” No hablaba solo de fe. Hablaba de convivencia, de responsabilidad mutua, de comunidad.

Mucho más acá en la historia, Juan Domingo Perón tradujo esa misma verdad al lenguaje del pueblo argentino cuando dijo: “Para un argentino no puede ni debe haber nada mejor que otro argentino.” No era una frase contra nadie, era una afirmación ética: nadie puede realizarse plenamente si el otro queda atrás.

Y hoy decimos, de una manera directa y profunda, "la Patria es el otro".

Distintas épocas, distintos contextos, un mismo hilo conductor. Ese hilo atraviesa religiones, movimientos populares, culturas y generaciones. 

En África lo llaman Ubuntu: soy porque somos. Acá, en nuestra tierra, lo llamamos Comunidad Organizada, Justicia Social, Bien Común.

No son conceptos abstractos, son una forma concreta de mirar la realidad y actuar en ella.

Creo en una política que incluye y ordena, no que enfrenta y divide. Creo en un Estado presente, pero inteligente; fuerte, pero humano, cercano.

Un Estado que cuide a los más vulnerables y que acompañe el esfuerzo, el trabajo y la producción sin abandonar a nadie.

Creo en la Justicia Social como equilibrio ético, que todos tengan oportunidades reales, que el mérito exista, pero con piso parejo, que el desarrollo individual tenga siempre sentido colectivo.

No creo en salvadores ni en iluminados. Creo en Comunidades Organizadas, en dirigentes formados, en ciudadanos comprometidos. 

No creo en el poder como un fin en sí mismo, creo en el poder como Servicio, que se ejerce con humildad y se rinde con transparencia.

Tenemos una gran responsabilidad generacional. Cada tiempo necesita nuevas miradas, nuevas herramientas y nuevos acuerdos, sin perder las raíces que nos trajeron hasta acá.

Hablo desde una convicción: cuando el centro de la política deja de ser el Bien Común, la política pierde sentido y la sociedad también pierde. El Bien Común está por encima de cualquier interés sectorial, personal o circunstancial. Por encima de cargos, de disputas, de egos.

Gobernar, legislar, gestionar y militar deberían responder siempre a una sola pregunta: ¿esto mejora la vida de la comunidad o solo acomoda a algunos?. Si la respuesta no es clara, el camino tampoco lo es.

Debemos volver a poner a la persona, a la comunidad y a la dignidad humana en el centro. 

El futuro no se hereda, el futuro se prepara, y se prepara con valores claros, con principios firmes, y con una política que vuelva a animarse a servir.

Ese es el camino, Ese es el hilo que nos guía. Ese es el compromiso asumido. Porque nadie se salva solo. Y porque soy un convencido de que, si caminamos juntos, nadie queda atrás.

¡Otra Argentina, que incluya a todos, es posible!