Un Presidente de la Nación no solo gobierna, representa, conduce, y si de algo estoy seguro es que un energúmeno lleno de odio no me representa en lo más mínimo.
El tono, los gestos, la forma de dirigirse a opositores y periodistas, habla a las claras de cómo concibe la democracia, si es que la concibe.
Un discurso de Apertura de Sesiones Ordinarias debería ser para ordenar la agenda, tender puentes, marcar rumbo económico y social con claridad.
En un País cansado, con inflación, con pobreza creciente, con empresas cerrando todos los días, con el desempleo creciendo sin parar, con fractura social, la gente no necesita más tensión. Liderar no es gritar más fuerte, no es insultar, no es estar alejado de la realidad.
Lo de Javier Milei fue un desborde total, un desequilibrio enorme. Usar la Apertura de Sesiones como un show de TV, como un acto partidario, es algo muy serio y triste a la vez.
Este 1ro de marzo fuimos testigos de la degradación total de la investidura presidencial, este 1ro de marzo tuve mucha vergüenza, este 1ro de marzo me dolió mi Argentina.
Espero que pase rápido este mandato y demos vuelta de página rápidamente, y que este Presidente, el peor de la historia, se vaya rápido a su casa.
Es por eso que debemos unirnos aún más, debemos organizar la esperanza del Pueblo que se siente a la deriva, porque somos muchos más los que amamos a nuestra Nación, somos muchos más, sólo estamos dispersos.

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