Jauretche escribió una frase que parece pensada para estos días: “O es para todos la cobija, o es para todos el invierno”.
Y uno mira la Argentina a la que nos trajo Milei y tiene derecho a preguntarse: ¿para quién es la cobija?
Porque el invierno, está bastante bien repartido por todo el Pueblo.
Lo conocen los jubilados cuando cobran y tienen que elegir qué pagar. Y después son golpeados y perseguidos.
Lo conoce el trabajador cuando mira su sueldo y descubre que cada vez llega menos lejos.
Lo conoce el comerciante que abre todos los días y espera clientes que también están haciendo cuentas.
Lo conoce el pequeño empresario que tiene que pagar salarios, impuestos, servicios y proveedores mientras trata de no despedir a nadie.
Lo conocen las provincias cuando se recortan recursos y obra pública.
El sacrificio parece ser para todos. Pero cuando llega la hora de repartir los beneficios, la cosa cambia. Ahí la cobija se achica.
Nos dijeron que había que sufrir para estar mejor. Que había que aguantar. Que no había alternativa. Que primero había que ordenar la macroeconomía.
La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse un país diciéndole a la mayoría que espere mientras algunos sectores tienen motivos para festejar.
Porque gobernar no es solamente conseguir que una planilla cierre. Gobernar es decidir quién carga con el esfuerzo y quién recibe sus frutos.
Cuando un jubilado pierde capacidad de compra, hay una decisión política.
Cuando se paraliza una obra que necesitaba una provincia, hay una decisión política.
Cuando se abandona a una PyME a competir en condiciones desiguales, también hay una decisión política.
La economía nunca es neutral. Detrás de cada número hay intereses, prioridades y personas. Por eso Son Arturo Jauretche sigue siendo tan actual.
Porque nos enseñó a desconfiar de aquellos que presentan como inevitable lo que en realidad es una elección.
Yo no quiero una Argentina donde, para que algunos pocos estén cómodos, haya millones pasando frío.
Quiero un país donde producir valga la pena, donde trabajar vuelva a alcanzar, donde nuestros jubilados puedan vivir con dignidad y donde nuestros jóvenes puedan proyectar una vida.
Quiero un país donde el Estado no sea un enemigo del ciudadano, pero tampoco un espectador frente al más débil.
Podremos discutir cuánto Estado necesitamos, cómo hacerlo más eficiente y qué cosas debemos cambiar. Lo que no podemos discutir es para qué existe una Comunidad Organizada: para que el progreso de unos no se construya sobre el sufrimiento de los demás.
Eso es justicia social. Y la justicia social no significa repartir pobreza.
Significa que cuando una Nación crece, crece su pueblo.
Que cuando hay esfuerzo, el esfuerzo sea justo.
Y que cuando finalmente llega el tiempo de recoger los frutos, nadie descubra que otra vez quedó afuera.
La Argentina ya vivió demasiadas veces esa historia. Siempre nos dicen que el invierno será corto. Siempre aparecen los mismos pidiendo paciencia.
Y demasiadas veces son también los mismos los que tienen la cobija asegurada.
Esta frase de Don Arturo: “O es para todos la cobija, o es para todos el invierno”. Debería ser el límite moral de cualquier gobierno. Debería ser el límite moral de todos.
Luis Sebriano
